Un retrato sonoro

Carlos Gómez Amat
Desde que empezó, hace años, grabando sus propias canciones, me llamó la atención la figura del mallorquín Antoni Parera Fons, un músico que domina su arte con sensibilidad y fantasía. Las breves páginas de Parera Fons se mueven en un ámbito estilístico muy amplio, ya que responden a intenciones distintas, a diversos estados de ánimo, a planteamientos particulares. Sin embargo, debe asegurarse que rinden homenaje, en cualquier caso, a lo que llamamos inspiración melódica. Algo que, desde luego, existió, existe y existirá, pese a las corrientes en las que se divide el gran río musical. Muchas veces se ha dado por muerta y enterrada a la melodía, per lo cierto es que permanece, tocando nuestro corazón, mientras algunos movimientos antilíricos se quean “modernos” en el fondo de cualquier armario. Quien dijo aquello del diez por ciento de inspiración y el noventa de transpiración – la frase se ha atribuido a tanta gente que ya no se atreve uno a señalarle autor – incidía en la importancia del trabajo como factor dominante de la creación artística o científica, pero reconocía también el papel de lo que Beethoven llamaba “chispa divina”. Se ha dicho así mismo – otra frase multiatribuida – que si llega la inspiración – o el soplo de la musa, que dirían los poetas románticos – es mejor que te pille trabajando.

Aunque sepamos que todo arte es artificio, tendemos a hablar de melodía “natural” cuando responde, en una sucesión lógica de los sonidos, a los hábitos tradicionales de la cultura occidental, aunque estos se adornen con las flores de cada época. Melodía fluyente hay en estas doce canciones escritas especial y cariñosamente para la gran Montserrat. A quien se conoce a sí mismo, como sucede con la excepcional soprano, se le puede ayudar a hacer su autorretrato, sonoro en este caso. Los textos de Josep María Andreu juegan, según el título general – sueños y recuerdos – con la biografía y la personalidad de la cantante, que rememora sus principios, se siente perdida entre sus personajes o recuera a un pintoresco profesor de canto.

Sueño y memoria se nutren de la nostalgia. Sin embargo, la nostalgia no ha de tener forzosamente un tinte melancólico. A veces melancolía o resignada tristeza son inevitables, y aquí están reflejadas. Pero en otras ocasiones se impone la sonrisa y la visión humorística, de la que Montserrat Caballé ha sido siempre muy capaz, como mujer inteligente.

Aparecen las sombras de personas amadas, lejanas o ausentes, los paisajes urbanos que acompañaron momentos luminosos; el mundo estaba lleno de ilusiones, que se pueden cumplir muy bien, como en este caso, pero en el ramo de las ilusiones siempre queda alguna suelta, perdida. Palabras de amor, que son la más hermosa forma de comunicación entre los humanos. Detalles semiolvidados que afloran. Deseos aún no cumplidos. toda una historia concentrada en versos, en los que puede dominar el dulce, silencioso pensamiento – que dijo un alto poeta – o el aire más desenfadado. A ello responde la música, con la voz en su melodía y ese piano coprotagonista en el resto, que dibuja la expresiíon de lo que se dice o adopta el ambiente alegre del viejo cuplé catalán. La cultura catalana forma la base general y aparece materialmente en los trabalenguas populares y parodias propias de esa vieja, culta y bella lengua que dominó el Mediterráneo.